«Todo es Gracia»

Cinco jóvenes de Madrid y Burgos participan en la segunda convivencia monástica organizada por la comunidad en este curso 25/26

El viernes 13 de febrero llegaban a Caleruega, desafiando el temporal que todavía asolaba España en alguno de sus puntos, las cinco jóvenes procedentes de Burgos y de Madrid que participarían en la convivencia monástica organizada bajo el título «Todo es Gracia».  

La tarde del viernes fue una antesala de bienvenida y preparativos para sumergirse en la intensidad de estos dos días. Después de las presentaciones, y mientras llegaba alguna de las más rezagadas, las jóvenes participaron de la oración de vísperas y completas con la comunidad, así como de un largo rato de oración ante el Santísimo. Parar y hacer silencio era la primera intención para este día.

El sábado comenzó temprano, acompañando en todo momento a la oración pública de la comunidad con el rezo de la liturgia de las horas para la que se habían preparado unos cuadernillos que facilitaran su seguimiento a quienes no manejan, todavía, el arte de las páginas del breviario.

Por la mañana, sor Teresa de Jesús acompañó la meditación y oración personal de las jóvenes a partir de la Palabra de Dios y la reflexión compartida. Por la tarde, sor María Sion preparó una dinámica que las condujo hasta el coro, para continuar con la Eucaristía y el rezo de vísperas y completas.

El domingo por la mañana contamos con la predicación de fray Juan Manuel, O.P. en la oración de Laudes. En la Eucaristía, presidida por fray Alfonso Salas, O.P., estuvimos acompañados por un grupo de jóvenes vinculado a la parroquia de los dominicos en Atocha (Madrid) a los que pudimos conocer brevemente y responder algunas de sus preguntas.

Al terminar, de nuevo en la hospedería, sor Sara O.P. compartió con las jóvenes una profunda reflexión sobre los medios que ya tenemos y conocemos para responder a la voluntad de Dios. Como no podía ser de otra manera, el encuentro finalizó con una oración alrededor del pozo en el que nació santo Domingo de Guzmán.

Durante el fin de semana, las jóvenes pudieron compartir las comidas y cenas con una hermana de la comunidad, entre las que nos íbamos turnando, para tener ocasión de hablar y preguntar de manera más distendida. Además, los dos días participaron del tiempo de recreación con la comunidad y todas pudimos conocernos brevemente y compartir un dulce.