Participamos en el seminario de espiritualidad sobre santa Catalina de Siena, impartido por sor Teresa Cadarso, O.P.

Los días 24, 25 y 26 de febrero tuvo lugar el seminario online sobre Santa Catalina de Siena, una mística dominica tan desconocida como apasionante.

La situación en el monasterio no dejaba de resultar curiosa. En el primer piso, reinaba un silencio absoluto, en el que solo se oía el lejano murmullo de la voz de nuestra Vicaria, Sor Teresa Cadarso, OP, hablando frente al ordenador, retransmitiendo en directo para la Escuela de Teología en Internet (ETI). Bajando las escaleras, en la sala de recreo, esas mismas palabras suaves se escuchaban amplificadas en la pantalla ante la que nos habíamos reunido toda la comunidad. Me encantaría decir que el silencio era exactamente igual de denso, pero lo cierto es que, de vez en cuando,  algún comentario se escapaba… ¡especialmente en las rondas de preguntas!

Es verdad que el tema daba para cuestionarse, y mucho. A lo largo de estas tres preciosas sesiones, Sor Teresa nos presentó una santa Catalina muy viva, y con una doctrina de lo más actual. Nos habló de la celda interior, del conocimiento del amor de Dios y del conocimiento de uno mismo… Temas que, así enunciados, pueden sonar demasiado complicados, aptos solo para grandes místicos del pasado, pero que, de la mano de Sor Teresa, se volvieron actuales, llenos de sentido, e, incluso, deseables. 

En efecto, algo que se comentó tanto en las participaciones online como en nuestro «aula monástica», fue que el seminario había sido concreto y práctico, y logró encender el deseo en los corazones de buscar más al Señor, de amarle con intensidad renovada… 

Los distintos aspectos de la doctrina de Santa Catalina, de la que Sor Teresa nos había dicho que no es nada sistemática, fueron encajando al largo de estos tres días como un precioso puzzle en el que cada pieza complementaba a las demás, creando entre todas un conjunto de una belleza tan asombrosa que era imposible no desear para la propia vida: la oración como encuentro íntimo con Quien nos ama, la mirada hacia nosotros mismos transformada por Su mirada, el servicio a los hermanos como una sobreabundancia de este amor recibido en la oración, la bondad de la creación… Y un consejo final de la Santa capaz de hacer arder cualquier corazón: 

«No te conformes con cosas pequeñas, porque Dios te quiere para cosas grandes». 

¡Que el Señor nos regale vivir con el mismo ardor que le dio a Santa Catalina, que nos regale vivir apasionadamente!